El
otro día vi la película PENEPLOPE, para los que no la han visto es una película
en la que la actriz principal por un HECHIZO tiene una nariz de chanchita, y el
hechizo era que una persona “de igual clase” la podría zafar del hechizo, claro
el personaje tenía dinero por sus padres, y luego mil peripecias resulta que
quien podía salvarla del hechizo era ELLA MISMA, una persona de su misma
“clase”, o su madre o su padre si la hubieran amado lo suficiente COMO ELLA
ERA.

La
otra vez conversando con una amiga me contaba que el hombre del que se enamoró
y con el que se casó no es el mismo hombre que conoce ahora, que ha cambiado
mucho, que hasta ya no se siente amada y feliz, le pregunté si lo habían
conversado, me dijo que muchas veces, pero que nada cambiaba; me dio pena el
tema a quien no le pasado encontrarse en una relación que no esperaba y no
saber qué hacer, pues claro en estas situaciones solo hay dos opciones o te
quedas atrapada para siempre o sales corriendo y sufres un tiempo (poco o mucho
depende de uno) y luego rehaces tu existencia y de quienes están contigo. La
mayoría de mujeres que conozco se quedan en la primera opción, quedarse con la
nariz de chanchita, quedarse en la relación y esperar por un lado “que el
cambie” y por otro ser algo así como la “heroína de la película”.
Sinceramente,
cada uno sabe su ruta a la felicidad, y este espacio no busca dar ningún
consejo o píldora para ello, pero me parece importante pensar en la película de
PENELOPE en lo que realmente la salvó de ella misma SU AMOR A SÍ MISMA, SU
BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD, EL DEJAR DE TRATAR DE AGRADAR A TODOS, EL BUSCAR SU
PROPIA RUTA Y NO DEJAR QUE OTROS DECIDAN SU DESTINO.
Un
gusto volver a compartir con ustedes unas líneas, Chauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.